Los juegos del hambre.

Autora: Suzanne Collins

Un pasado de guerras ha dejado los 12 distritos que dividen Panem bajo el poder tiránico del “Capitolio”. Sin libertad y en la pobreza, nadie puede salir de los límites de su distrito. Sólo una chica de 16 años, Katniss Everdeen, osa desafiar las normas para conseguir comida. Sus principios se pondrán a prueba con “Los juegos del hambre”, espectáculo televisado que el Capitolio organiza para humillar a la población. Cada año, 2 representantes de cada distrito serán obligados a subsistir en un medio hostil y luchar a muerte entre ellos hasta que quede un solo superviviente. Cuando su hermana pequeña es elegida para participar, Katniss no duda en ocupar su lugar, decidida a demostrar con su actitud firme y decidida, que aún en las situaciones más desesperadas hay lugar para el amor y el respeto.

Fuente: quelibroleo.com

El misterio del eunuco.

Autor: José Luis Velasco

En la corte cordobesa del califa Al-Haken ii se ha producido un terrible suceso: Sudri, el eunuco favorito del califa, ha aparecido muerto.Todos los indicios apuntan a un joven mozárabe, Rodrigo, como único culpable; sin embargo, el médico Hantal Idrissi y su hijo comenzarán una investigación que destapará traiciones, odios y venganzas. Una novela de intrigas enclavada en el ambiente de la Córdoba califal.

Fuente: casadellibro.com

El misterio de los árbitros dormidos

Autor: Roberto Santiago.

Faltan tres partidos para el final de la liga intercentros y el Soto Alto debe ganar al menos uno si quiere seguir siendo un equipo. Sus integrantes han hecho un pacto secreto, nada ni nadie los separará jamás, e intentarán ganar para que el equipo siga jugando. Pero los acontecimientos no están de su parte. Misteriosamente, en los últimos partidos el árbitro cae dormido tras el    descanso y su suplente no les pone las cosas fáciles. Los futbolísimos tendrán que intentar resolver el misterio. 

Fuente: canallector.com

Premios del IV Certamen literario Secundaria

El desván

Isabel Vallejo 1º ESO

Hoy como todos los años, nos vamos a pasar las vacaciones de verano a casa de mis abuelos, en un pequeño pueblo de Burgos.

La casa de mis abuelos es muy grande y cuenta con tres plantas más el desván. A mí nunca me han dejado subir al desván, siempre decían: “No se pueden subir, que está oscuro y las escaleras son muy empinadas” o como decía mi abuela: “No subas que ahí arriba, habita algo y no quisiéramos que te pasase nada”

Yo, por supuesto, no me creía lo que decía mi abuela, pero tengo que reconocer que siempre que me animaba a explorarlo y subía, al llegar a la puerta, no sé si por miedo o por un presentimiento o por lo que fuera, siempre encontraba una excusa para no entrar. Pero tenía claro una cosa: este verano subiría y exploraría el desván.

Cuando llegamos, me bajé del coche y me quedé mirando desde fuera la casa. Esta tenía una pinta fantasmal, las terrazas de la tercera planta tenían pinta de ojos que me observaban y me retaban a intentar descubrir sus secretos.

Me quedé mirando las ventanucas de la parte del desván, juraría que había claridad en una de ellas, y que, de repente, al verse descubierta se apagó.

Un escalofrío me recorrió todo el cuerpo de arriba a abajo. Me sentía asustada y observada. Así estuve durante unos segundos, aunque a mí me parecieron horas, hasta que mi abuela se acercó a mí.

No me había dado cuenta de que me estaba mirando desde hacía un rato, me dio un abrazo y cuando se arrimó a mí lo suficiente me dijo en voz baja:

– Tu también lo sientes, ¿verdad?

Me quedé mirándola sorprendida, acaso ella también podía sentir que había algo ahí arriba.

Mientras me instalaba en mi habitación de la tercera planta, no dejaba de pensar en qué momento subiría al desván cuando, de repente, todo se quedó en el más absoluto de los silencios, no se oía nada, ¿dónde estaban las voces de mis padres y abuelos?, ¿dónde estaba el trinar de los pájaros?

No se oía nada, intenté hablar, pero de mi voz no salía ningún tipo de sonido, me acerqué a la mesilla, donde había un jarrón y lo lancé con todas mis fuerzas hacia la pared, el jarrón se rompió, pero no hizo ruido alguno, tiré un retrato, pero tampoco hizo ruido, tiré, tiré y tiré cosas, seguí intentando gritar, pero no salía sonido alguno.

Me dirigí a la puerta para buscar a mis padres, pero esta no se abrió, tiré de ella, pero nada, golpeé la puerta, lloré, pataleé, pero nada, todo seguía en el más absoluto silencio.

Me tumbé desfallecida en el suelo y me quedé mirando un espejo de cuerpo entero que había enfrente de mí, en él estaba mi reflejo, bueno yo sabía que era yo, pera la imagen que me reflejaba era el de una niña con el cabello todo despeinado, la cara congestionada, con arañazos ensangrentados, y completamente sudada.

La ropa estaba hecha jirones y sucia apenas me cubría el cuerpo. Estuve mirándome durante un buen rato cuando, de repente, aparecieron mis padres, estos habían roto la puerta para poder entrar. Me levantaron del suelo, me zarandearon, me besaron, yo intentaba hablar, pero seguía sin poder escuchar, ni poder hablar.

Todo empezó a darme vueltas a ponerse más oscuro, hasta que todo dejo de existir.

Me encontraba en una habitación (o algo parecido), todo oscuro, no veía nada, todo era silencio y oscuridad cuando, de repente, una voz dentro de mi cabeza empezó a decir una y otra vez: “Así me siento yo, sácame”, “Así me siento yo, sácame”.

Me quedé dormida con ese sonido. Cuando me desperté, me encontraba en una habitación del hospital, estaba atada con unas correas y rodeada por toda mi familia.

Quería preguntarles por qué estaba allí, por qué estaba atada, pero no me atrevía a hablar, no sé si podría hacerlo. Era tanta mi angustia que se me escapó un lamento y sí, por fin me escuché, empecé a llorar y llorar y a intentar explicar a mis padres lo que me había pasado, pero ellos me miraban con caras extrañadas.

Aparecieron unas enfermeras que me inyectaron algo y me quedé dormida.

Dos días más tarde me dieron el alta, me dijeron que había tenido una crisis nerviosa. No sé, para mí era todo muy real, pero qué voy a saber yo.

Ha pasado una semana desde mi crisis, pero todas las noches, al dormirme, escucho la misma voz y frase “Así me siento yo, sácame”.

Un día estaba intentando dormirme, pero no lo conseguía, así que me armé de valor y fui al desván, estaba asustada, pero eso no impidió que subiese. Estaba en la puerta que nunca había conseguido cruzar, pero esta vez una fuerza dentro de mí, me ayuda a franquearla sin pensarlo dos veces.

Como me habían advertido estaba muy oscuro y las escaleras eran muy empinadas, pero nada de esto me importó, subí y subí y mis pies me dirigieron a una esquina del desván, junto a un pequeño ventanuco que estaba tapado con unas tablas. No sé por qué me dirigí ahí, saqué una linterna que había cogido de mi habitación y alumbré hacia ese lugar.

Justo en la esquina había una especie de sombra, que se intentaba esconder.

Me armé de valor y pregunté:

-¿Qué eres?, ¿Quién eres? No contestó al principio, pero cuando me iba a acercar, me dijo:

-No sigas, ¿no me tienes miedo? Era buena pregunta, no voy a mentir, tenía mucho miedo, pero eso no impedía el querer saber qué era y por qué me decía siempre lo mismo.

Me quedé mirando al ser, sombra o lo que fuese, con gran interés. Había algo en él que me atraía, era una especie de sombra en la que se podía vez unos pequeñísimos ojos blancos, por boca tenía una especie de agujero que se ensanchaba o encogía según se movía. Tenía dos grandes brazos delgados, terminados en unos dedos súper largos que se movían dando sensación de que flotaban en el aire. Algo dentro de mí me empujaba a acercarme cada vez más pero, cuanto más me resistía , más parece que me empujaba hacia él. Cuando le volví a escuchar de pronto:

-Esto está muy oscuro y estoy solo ¿Quieres ser mi amiga?

Yo quería marcharme, pero no podía, él se acercaba a mí, lentamente, intenté gritar, pero no podía, intenté golpearle, pero no podía.

Sus dedos acariciaron mi cara, estaban fríos, muy fríos, y tenían un tacto áspero. Estaba aterrorizada.

Su boca empezó a agrandarse, de una forma desproporcional a su cuerpo, y yo seguía ahí, paralizada, sintiéndome como esas presas que han sido paralizadas por el veneno de una serpiente y saben que van a ser engullidas.

Sentí cómo su boca me absorbía y me llevaba a un lugar muy oscuro, frío y húmedo.

Llevo mucho tiempo aquí, a veces aparece un poco de luz en este lugar y puedo ver a mis padres, mis abuelos, la policía, todos buscándome, todos llamándome.

Otra vez vi a mis padres y abuelos llorando desconsoladamente, yo intentaba gritarles, decirles que estaba ahí, pero ellos no me veían…. no me oían.

No sé el tiempo que llevo aquí, he visto cómo mis abuelos ponían la casa en venta, he visto cómo diferentes familias han venido a verla.

Yo les gritaba, al principio, para que me salvaran, luego para que no la compraran y así poder evitar que alguno de sus hijos le ocurriera lo mismo que a mí. Y al final… les llamaba diciéndoles:

-¿Queréis ser mis amigos?

 

 

Asesina

 Jorge Garre        2º de ESO

– ¡Adiós mama! – Hago una pausa – ¡Adiós papa!

-¡Que te lo pases bien en el campamento cariño! – Me contesta mi madre.

-Y ten cuidado con las arañas que habrá muchas! – Añade mi padre.

– No seas así – Le dice mamá a papá.

Un rato después en el autobús…

Una chica se levanta para presentarse:

-¡Hola, soy Erika! Soy vuestra monitora. En unos momentos diré cuál es la obligación que os ha tocado realizar en el campamento.

Me distraigo, no conozco a nadie, es la primera vez que vengo.

Erika les va explicando a los de delante lo que tienen que hacer y me fijo entonces en la chica de al lado, en el asiento del bus, ella es pelirroja, con el pelo enredado, pálida y pecosa. De repente, algo me abstrae de mis pensamientos, la monitora acaba de decir algo:

-¡Chicos! – Exclama la monitora – ¡Escuchadme! Se me olvidaba un detalle; en este campamento siempre realizamos un juego. Primero, os voy a entregar unos papelitos y en estos pondrá inocente, excepto en dos, que habrá escrito asesino o policía. Durante toda la semana, el asesino deberá matar a los inocentes pintándoles una raya con este rotulador rojo en el cuello, a partir de ahí el policía ha de descubrir el asesino.

Durante todo el camino, todos hablamos y hacemos migas, resulta que la chica que tengo al lado se lama Alina, también está Urco, Celeste, Eduardo… Contándonos a todos somos quince en total.

Ya hemos llegado al campamento, estamos en un bosque de pinos, el recinto tiene una valla un poco alta, para que no entre nadie, supongo. Entonces me fijo en las tiendas, hay dieciocho, pero somos quince… Reflexiono y me doy cuenta de que los monitores también necesitan un lugar de descanso. La verdad es que aquí estamos completamente incomunicados, no hay cobertura, y hemos traído comida para oda la semana. A algunos les ha tocado guardarla y sacarla cuando haga falta.

Pasan las horas y se hace de noche, todos nos acostamos en nuestras respectivas tiendas.

A la mañana siguiente me despierto sobresaltado por un chillido. Salgo de la tienda de campaña y veo un cadáver, después miro al cielo y veo otros tres, Erika y los chefs mellizos están atados con una cuerda colgando de un árbol. Miro al cadáver del suelo y me doy cuenta de que el es Urco y, curiosamente, era el policía del juego. Al lado de él, Luna llora por lo que ha visto. Parece que la asesina se ha tomado el papel muy en serio, pienso con ironía. La gente empieza a salir de sus tiendas, muchos miran, otros lloran, solo es el primer día y ya han muerto cuatro, aunque fuese en la vida real. Nadie sabe qué va a pasar o cómo vamos a salir de este horrible lugar.

Surge la esperanza cuando Edu decide tomar el cargo y pretende que hagamos guardias y tengamos cuidado. La guardia esta noche la harán Eduardo, Celeste y Álvaro. En las tiendas, en vez de dormir algunos por separado y otros no, decidimos hacer grupos para así estar más seguros. Aunque no cabemos muy bien, ya que las tiendas son de uno y equipaje.

Nos acostamos, pasa la noche… Y a la mañana siguiente nos despertamos, bueno, me despierto. Estoy rodeado de seis cadáveres, los compañeros de mi tienda y los guardias.

Entonces grito, grito lo más fuerte que puedo y salgo de la tienda. Los que ya habían salido de sus tiendas me miran. Creo que piensan que he sido yo, nadie se acerca y además reprimen impulsos de llorar.

Pasan los días y no hay más asesinatos, hasta que el penúltimo día aparece un folio manchado de sangre y nos damos cuenta de que falta Alina.

Preocupados, la buscamos, sin separarnos mucho unos de otros, pero no la encontramos. Se hace tarde y es hora de dormir.

Al día siguiente vendrá el autobús que nos llevará de vuelta a casa. De repente, me despierto, necesito ir al baño. Voy a la letrina y, cuando salgo, un ojo de color violeta me atraviesa. Un cuchillo que goteaba sangre se metía varias veces en mi abdomen y ella me dice “eres el último…”

Me despierto, todo había sido una pesadilla, Seguimos en el bus y todavía faltaba un rato para llegar al campamento. Miro a Alina y aunque antes no me hubiese dado cuenta, sus ojos son violetas. Miro el papel del juego y pone asesina.

 

 

 

DULCES SUEÑOS

Jimena Sánchez 3º de ESO

Llevo días sin poder dormir tranquila, el simple hecho de cerrar los ojos me aterra. La primera vez que tuve aquella pesadilla fue hace dos semanas.

Recuerdo haber estado en un bosque de coníferas. Estaba anocheciendo y no tenía una linterna ni nada con lo que alumbrar el camino. Corrí entre los árboles con la esperanza de encontrar una salida a la carretera o a algún pueblo, pero fue completamente inútil. De un momento a otro la oscuridad cubrió el bosque y lo único que podía ver era la luz de la luna.

Seguí caminando asustada, la oscuridad siempre había sido uno de mis mayores miedos. Cuando creía haber perdido las esperanzas, encontré un sendero y vi a lo lejos una pequeña caseta de madera. Eché a correr aliviada esperando encontrar alguna persona allí, pero mi alivio se convirtió en miedo al ver cómo la puerta se abría junto con un chirrido y de ella asomaba una figura. Parecía una sombra y medía casi tres metros, de forma que tenía que levantar mi cabeza para poder ver la suya, estaba claro que no era humano.

Sin intención de averiguar lo que era, di media vuelta y corriendo lo más rápido que pude deshice el camino del sendero por el que había llegado hasta allí. Lo último que pude oír fueron los pasos de aquella cosa acercándose más y más. Siempre me despertaba en ese momento, cuando empezaba a ser perseguida.

Desde esa noche, día tras día la pesadilla se repite, pero el monstruo cada vez se acerca más y más. Por suerte, nunca llega a alcanzarme. Parece que esa cosa continúa siguiéndome y no parará hasta conseguirlo.

Tras noches sin pegar ojo, tardes pensando en qué hacer y mañanas oyendo las pisadas del monstruo en mi mente, decidí que era hora de plantarle cara a mis miedos. Ese día logré dormirme rápidamente, y como siempre, aparecí en aquel misterioso bosque de nuevo. Avancé por el sendero y vi de nuevo la caseta de siempre. Decidida, caminé hacia ella y esperé al ser que tanto me había atormentado día tras día.

Todo estaba en silencio y la luna llena empezaba a aparecer entre las nubes. Una ráfaga de viento me distrajo y, al volver a mirar hacia la caseta, su puerta se abrió de golpe.

Como siempre el monstruo salió, pero esta vez no me moví del sitio a pesar de que mi mente le decía a mis piernas que corrieran. De un segundo a otro una siniestra sonrisa llena de colmillos afilados apareció en su rostro. Mis ojos se abrieron más al notar cómo el monstruo se acercaba, y no parecía tener muy buenas intenciones. Una gran cantidad de sangre goteaba de su boca y el ser parecía deslizarse en lugar de caminar.

¿En qué momento creí que podría plantarle cara? Era totalmente ridículo. Si me quedaba allí moriría.

La desesperación se apoderó de mí y una vez más corrí, corrí como nunca antes lo había hecho. El bosque parecía un laberinto, no había forma de escapar de él ni del monstruo. El ser me perseguía al igual que en las pesadillas anteriores, cada vez iba aumentando más su velocidad, era mucho más rápido que yo. Si seguía así me alcanzaría en un abrir y cerrar de ojos.

Me tranquilizó pensar que éste era el momento en el que siempre despertaba de la pesadilla, pero para mi desgracia esta vez no fue así. Las lágrimas comenzaron a caer y a nublar mi vista. Seguí corriendo con el ser a escasos metros de mí, y tuve tan mala suerte que tropecé con la raíz de una conífera.

Apoyé mi mano para levantarme rápidamente, pero una piedra me hizo un corte. Me giré y el monstruo saltó sobre mí. La oscuridad me rodeó y nunca llegué a notar dolor alguno.

¿Estaba muerta?

Lo siguiente que hice fue intentar gritar y luego desperté. Seguía temblando, todo era siempre tan realista que juraría que había ocurrido de verdad… Ya estaba amaneciendo, así que me levanté de la cama temblando aún y me dirigí al baño para lavarme la cara. Abrí el grifo y al acercar mis manos noté un ligero escozor en la derecha. La giré y me quedé paralizada al ver el corte, el corte que me había hecho en el bosque de las pesadillas, era el mismo.

Sentí que no estaba sola, notaba una presencia junto a mí. Levanté la mirada y la imagen del monstruo apareció reflejada en el espejo del baño.

El último sonido que se pudo escuchar en la casa fue un grito acompañado del cristal del espejo cayendo al suelo.

Colmillo blanco.


Autor: Jack London

Ambientada en la vida agreste y salvaje de una frontera que trasciende su mero carácter físico para convertirse en una encarnación del conflicto entre la naturaleza y el ser humano alienado en ella, Colmillo blanco es una de las obras más célebres de Jack London (1872-1916). Reverso casi simétrico de La llamada de la naturaleza, en la historia del perro salvaje que, significativamente, se degrada en su contacto con el hombre, hallamos en efecto, matizadas por la belleza de los grandes escenarios naturales y una remota esperanza de redención, las inquietudes que rigen toda la obra del autor estadounidense: el choque entre civilización y naturaleza, la perpetua pugna entre el bien y el mal, la supervivencia del más fuerte, el determinismo genético, la selección natural.

Fuente: http://www.lecturalia.com

El curioso incidente del perro a medianoche

 

Autor: Mark Haddon

El curioso incidente del perro a medianoche es una novela que no se parece a ninguna otra. Elogiada con entusiasmo por autores consagrados como Oliver Sacks Ian McEwan, ha merecido la aprobación masiva de los lectores en todos los países donde se ha publicado, además de galardones como el Premio Whitbread y el Premio de la Commonwealth al Mejor Primer Libro. Su protagonista, Christopher Boone, es uno de los más originales que han surgido en el panorama de la narrativa internacional en los últimos años, y está destinado a convertirse en un héroe literario universal de la talla de Oliver Twist y Holden Caulfield. A sus quince años, Christopher conoce las capitales de todos los países del mundo, puede explicar la teoría de la relatividad y recitar los números primos hasta el 7.507, pero le cuesta relacionarse con otros seres humanos. Le gustan las listas, los esquemas y la verdad, pero odia el amarillo, el marrón y el contacto físico. Si bien nunca ha ido solo más allá de la tienda de la esquina, la noche que el perro de una vecina aparece atravesado por un horcón, Christopher decide iniciar la búsqueda del culpable. Emulando a su admirado Sherlock Holmes -el modelo de detective obsesionado con el análisis de los hechos-, sus pesquisas lo llevarán a cuestionar el sentido común de los adultos que lo rodean y a desvelar algunos secretos familiares que pondrán patas arriba su ordenado y seguro mundo.

Fuente: casadellibro.com

Un beso antes de desayunar.

Un beso antes de desayunar

Raquel Díaz Reguera

Lóguez Ediciones

Con motivo del día de la madre os aconsejamos este libro destinado a niños de 3 a 9 años.

Un beso antes de desayunar es un libro tierno y colorido que rezuma optimismo y amor. Es la historia de Violeta y los besos de su madre, que, cada mañana, antes de salir de casa, le deja bajo la almohada. Un canto al afecto, al cariño y al poder de un beso.

Con un texto poético y unas ilustraciones alegres, coloridas y llenas de texturas diferentes, Raquel Díaz Reguera nos presenta la bonita historia de un beso viajero, porque no hay nada que contenga más amor que el beso de una madre.

Fuente:www.boolino.es

LOS DIAMANTES DE OBERÓN.

Autor: Fernando Lalana.

¿Accidente? ¿Asesinato múltiple? Algo no cuadra en las investigaciones de la eminente psicóloga Zabalza. En su peculiar y, a pesar de todo, rigurosa y divertida búsqueda de la verdad debe ordenar el puzzle dramático en el que ella misma está implicada. Su nombre figura entre los fallecidos en un accidente espacial provocado por fallos en el sistema de hibernación, aunque podría tratarse de un burdo engaño. Para ello tiene que indagar entre los resortes de las computadoras y en las relaciones entre los componentes de la expedición, pero debe actuar con valentía y determinación para mostrar la verdad. Cuando el lector crea estar cerca de ella, es posible que la trama sugiera nuevos derroteros… Una original incursión en la ciencia ficción compuesta, en primera persona, de capítulos frugales y adictivos, que permite disfrutar de un intenso nudo detectivesco salpicado de buen humor, gracias sobre todo al contrapunto que ofrecen personajes como el abogado Vilanova.

Fuente: http://www.canallector.com

 

LOS FUTBOLÍSIMOS. EL MISTERIO DE LOS SIETE GOLES EN PROPIA PUERTA.

Autor: Roberto Santiago.

Los chavales del equipo de Soto Alto van a jugar un torneo de fútbol internacional en Benidorm. Sus rivales son equipos de primera línea y ellos se conforman con haber acudido al torneo. Sin embargo, ganan el primer partido gracias a dos goles en propia meta de sus rivales y, con excesiva facilidad, llegan a la final contra el mejor equipo de fútbol infantil del mundo. Pakete, el narrador, sospecha que hay algo extraño en el asunto y decide investigar.
La novela es entretenida, mezcla el humor con unas ciertas dosis de intriga y puede interesar en especial a chavales que disfrutan con el fútbol, como jugadores y como espectadores.

Fuente: http://www.canallector.com

A LO QUE LLAMAMOS REALIDAD

Muchos cosas han cambiado con el curso de los años

pero la realidad sigue siendo la misma.

De pequeños no entendemos nada, ahora que somos mayores,

nos arrepentimos de no haber disfrutado suficiente la infancia.

Q.ueremos volver al parque, a los columpios, a que mamá nos

balancee muy alto para sentirnos en el cielo.

A escuchar las divertidas anécdotas del abuelo, y a saborear

los deliciosos pasteles de la abuela.

A montarnos en el coche y ver las gotas caer por  el  cristal,

como no echando una  carrera.

Cuando papá nos despertaba, siempre eran los buenos  días

Tu perro estaba impaciente a donde te ibas, y  ansioso

esperaba tu llegada. !Qué decir del hermano! a veces enemigos,

otras, los mejores aliados. ¿ En qué estábamos pensando cuando

queríamos crecer? no nos dimos cuenta, que la vida se escapa

en un anochecer

ENARA GARCÍA